| La Fundación Cione Ruta de la Luz regresa de Togo, donde cumplió, además de los objetivos iniciales, la revisión ocular de 500 niños del Colegio Don Bosco Las Rozas. 17 de diciembre de 2009. Marian Hierro López de Arbina, Marisa García Wonemburger, Julio Ezpeleta y Pablo Vélez, cuatro cooperantes de la Fundación Cione Ruta de la Luz de Álava, Granada, Pamplona y Novelda (Alicante) respectivamente, regresaron a mediados de noviembre de su viaje al país de Togo. A la vuelta traen, bajo el brazo, un nuevo hito de la campaña de salud visual que la Fundación comenzó en aquel lugar del Africa subsahariana hace ya cuatro años y una nueva fecha, marzo de 2010, para seguir adelante con el proyecto, y dentro del corazón, sabiduría milenaria con que iluminar a la razón. La expedición ha permanecido en la zona los últimos días de octubre y primeros de noviembre. Gracias al esfuerzo de los voluntarios, nuestra Fundación ha continuado allí con el “Plan de lucha contra la ceguera en el área geográfica de Dapaong” que apoya la mejora de la salud visual en Togo. El proyecto es una pieza más de la iniciativa global para la eliminación de la ceguera predecible liderada por la Organización Mundial de la Salud (OMS). La zona de intervención en la que focalizan su atención nuestros ópticos es especialmente sensible a la ayuda, puesto que está muy lejos de la capital del país llamada Lomé así como también de los núcleos de desarrollo más importantes de Togo. Las condiciones lumínicas y la ausencia de protección y de higiene oculares derivan en patologías graves, con lo que otro de los objetivos cumplidos por nuestra delegación ha sido el de continuar con la campaña de concienciación de la población nativa en este sentido. Marián es la veterana del proyecto. Ya es, como ella misma dice, “togolesa de adopción y de sentimiento”. No en vano, la alavesa ha viajado a África en cuatro ocasiones desde el año 2006. Para Marisa la recién concluida era su tercera experiencia. Julio debutaba como cooperante en este proyecto, pero lleva años trabajando en otro maravilloso que se llama “Vacaciones en Paz”. “Espero que no sea mi último viaje allí”, comentaba a su vuelta el pamplonés. Las jornadas de la expedición comenzaban muy temprano, antes incluso del amanecer. Transcurrían entre la consulta, organizada igual que en ocasiones anteriores, “y un proyecto ambicioso que nos llevó a realizar un screening a los niños del colegio Don Bosco, localizado a una hora de camino de nuestra base”, explica Marisa. “Al ser un centro educativo controlado por hermanos salesianos, los niños están en muy buenas condiciones para lo que se estila por allí” añade Marián. Como el equipo completo estuvo compuesto por 5 profesionales, 2 o 3, según los casos, pasaban consulta diaria mientras el resto marchaba en camionetas al Don Bosco. Nuestros ópticos han revisado a cerca de medio millar de pacientes en consulta, a razón de un centenar cada jornada, y han seleccionado otros cien casos de pacientes a los que se les practicarán intervenciones quirúrgicas de cataratas en la próxima expedición de marzo. En el colegio, otros quinientos menores han podido beneficiarse de la ayuda. Marisa volvía, como en 2008, con un montón de recuerdos que han calado hondo en su experiencia como profesional, pero sobre todo como ser humano. “Estos viajes nos deben aportar mucho porque en general, repetimos. Dicen que África engancha, y es verdad. Viajar allí es una mezcla de muchas sensaciones. Satisfacción de poder ayudar, y felicidad de poder compartir. En mi caso me ayuda a recordar año tras año que debemos seguir trabajando para cambiar el rumbo de esta sociedad consumista en la que vivimos a costa de que media humanidad se muera de hambre y calamidades”, opina la vitoriana. Por su parte, Julio Ezpeleta explica que “me he subido a un proyecto en marcha, con años de trabajo detrás, y eso ha hecho que todo haya sido extraordinariamente fácil para mí”. El navarro ha trabajado para consolidar algo que otros, “con muchas más dudas y dificultades, habían iniciado ya”, matiza. Por eso desde el primer momento “pude sentir que mi trabajo era útil”. Las vivencias de los cooperantes son muchas y muy dispares, pero los cuatro coinciden en que se traen mucho más de Africa que lo que dejan. Una óptica, referente de la salud visual, que se ha convertido en un medio de vida. El trabajo continuado de la Fundación Cione Ruta de la Luz había logrado ya en 2008 poner en marcha una óptica que es capaz de subsistir por sí misma. El establecimiento sanitario se abrió gracias a un acuerdo de la Fundación Ruta de la Luz con la OCDI (el Cáritas africano) que cedió un local con este fin en el Hospital General de Dapaong. La Ruta de la Luz contribuye con la aportación de todo el material que necesita: gafas, lentes y aparatos para graduar. El óptico nativo que la dirige gana un sueldo gracias al trabajo que realiza. “Estamos satisfechos con el resultado, pero todavía queda mucho trabajo por hacer. La cadena tiene que seguir, pero ellos nos necesitan todavía para consolidar el proyecto, para reparar la maquinaria que se estropea y para darles más formación” apunta Katherine Salazar, gerente de la Fundación Cione. Los voluntarios de la Ruta de la Luz han compartido su tiempo e ilusión en Togo con un grupo humano fantástico en el que todos estaban prestos para ayudar, pero aún queda mucho por hacer. “Seguimos trabajando”, terminaba Salazar. |